Valsear

28/septiembre/2016

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Por Claudia Tepale

Ilustración Mitzy Noguez “Exploración” Acuarela / 25 x 18 cm Año 2016 Colaboración con “Le Ruban Doré

Uno, dos, tres.  El vals tiene un compás de tres tiempos. Uno, dos, tres. Es necesario sólo dar un paso por cada tiempo, aunque el vals es un ritmo de 3×4. Uno, dos, tres. Es considerado uno de los bailes más elegantes y para dominarlo es necesaria la práctica constante. Uno, dos, tres. Índice y medio deben entrenar con frecuencia.

     Una mañana, ella está sola en su cama. Tuvo un sueño que no formaba parte de sus acostumbradas pesadillas. En esta ocasión, soñó con algo que la hizo despertarse con una sonrisa: un encuentro cercano con una de las personas que más quiere en la vida. Nunca lo había hecho, ni con él, ni con nadie. Las imágenes que aparecieron en la fantasía eran la amalgama del final de muchas películas de amor.     La curiosidad la llevó a explorar cada centímetro de un paisaje que, en teoría, conocía. Con las yemas de sus dedos dio un lento paseo por los senderos que llevan al valle. Subió las montañas del norte; danzó en la cumbre. Continuó el camino, llegó a la plaza del reloj de arena. Ahí encontró el centro de ese universo, pero no el fin del camino. La aventura era rumbo al sur. Llegó a un valle al que nunca nadie había entrado. Terminó el recorrido hasta que en medio de toda la maleza, encontró un riachuelo.

      El sentimiento era contradictorio. Por una parte, era la primera vez que experimentaba ese tipo de gozo. No tenía idea de que  tuviera tantas terminaciones nerviosas en el cuerpo; que conoció lo que la gente solía llamar “placer”. Por otra parte, sentía culpa. Aunque de acuerdo con la Universidad de Indiana, las mujeres comienzan a masturbarse desde los 14 años y lo hacen de una a cuatro veces a la semana, el tema es poco tratado en público. La sociedad ha olvidado que las chicas también se tocan en secreto. 

      Las manos le tiemblan. De la misma forma que cuando va a empezar a bailar. Ella ha colocado a índice y medio en la pista de baile: un órgano pequeño que cambió de posición cuando sintió a los bailarines acercarse, ubicado en la parte superior del valle. Clítoris, le dicen.

     Comienzan las primeras notas. Empieza con los primeros pasos, los más básicos;  pasos rectos hacia adelante y hacia atrás, en un movimiento de vaivén. Uno, dos, tres. Uno, dos, tres. Uno, dos, tres. La primera nota de un vals es la más fuerte, las siguientes son mucho más lentas. Suena un vals inglés, uno de los más lentos con 30 compases por minuto. Los dedos se conocen como pareja y se acostumbran uno al otro.

     Poco a poco, comprenden el ritmo. El vals se baila con una pose elegante y erguida. Se debe estar completamente recto, y tratando de no mover ni los hombros, ni los brazos, ni las caderas. Sin embargo, ella ya no sólo mueve las extremidades de la mano, mueve la cadera, las piernas, el pecho sube y baja.

     Ya que entendieron los pasos básicos, deciden cambiar a un vals más rápido: el vals vienés. Con 60 compases por minuto, aumenta la dificultad de sus pasos. Índice y medio deciden hacer honor al nombre de la danza. Vals viene de Walzen, girar en alemán. La pista ha crecido y comienzan a imitar a un reloj cuyas manecillas corren.

    Le cuesta seguir respirando. Cada fibra de su cuerpo se mueve al escuchar los compases. Ha perdido el control de sus piernas, de sus senos, de cada una de sus extremidades. Índice y medio siguen bailando. El riachuelo se convirtió en un mar con olas en las que cualquier surfista se perdería. Cierra los ojos. Cada músculo de su cuerpo se tensa. Un grito quiere salir de su garganta, pero se ahoga en un suspiro. De pronto, todo el cuerpo se relaja y el vals vuelve a ser vienés.

     Por muchos años, el vals ha sido considerado uno de los bailes más románticos y elegantes. Es una de las muestras más antiguas de amor y se piensa que sólo se baila en pareja. Ella acaba de descubrir que se puede bailar sola y seguir expresando mucho. Amor por una misma.