Mundo de Contradicciones

24/junio/2017

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Por Claudia Tepale
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Fotografía Claudia Tepale

Yo siempre supe que era mujer, aunque no con esa exactitud. Los niños no tienen muy claro lo que es el género o los roles, los aprendes con el tiempo. Cuando empezamos a tener consciencia de ello, en la escuela me molestaban diciendo “Daniel es niña, Daniel es niña”, entonces yo me levantaba y les soltaba un golpe para contestarles “Sí, ¡soy niña!

 Y aunque siempre lo supe, los adultos arruinan la inocencia que los niños tienen. Tardé 39 años para decidir que quería transicionar, que es como se le dice al proceso en que cambias de sexo. Tardé todo ese tiempo en no ser lo que yo realmente quería.

 Daniela Cerón vive en el oriente de la Ciudad de México. Desde hace 4 años, decidió comenzar el proceso para obtener una apariencia femenina. Esto abarca un tratamiento psicológico, hormonal, médico y, por supuesto, social.

El sexo es uno de las etiquetas más importantes con las que nos presentamos y definimos dentro de una sociedad y la apariencia tiene gran peso en ello. Daniela explica que representar la imagen de una mujer es de suma importancia para alguien que siempre ha querido serlo.

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Puede que las chicas a veces no le presten tanta importancia a su apariencia, porque le dan mayor valor a otras cosas, pero para los transexuales es muy importante. Nos gusta arreglarnos mucho, vernos bien. Como te ven, te tratan, y si quieres ser tratado como una mujer, debes parecer una.

Pero justo cuando comencé  mi transición, mi psicólogo me preguntó: ¿y qué tipo de mujer quieres ser? Pues yo quería ser yo misma. Y fue cuando caí en cuenta de lo diferentes que son las mujeres y lo difícil que es para ellas.

Realmente me pregunté: ¿cómo quiero ser? Y empecé a ver cómo se comportaban las mujeres. Si mueven la cadera cuando caminan, si se sientan con las piernas cerradas, si lloran, si se peinan, cómo hablan. Entonces una se vuelve “amanerada” como este cliché que existe en la televisión. Luego vi que eso no es una mujer.

No todas son se mueven de una manera, ni todas lloran. No todas tienen el cabello largo y maquillaje cargado. Todas son únicas, y yo necesitaba construirme como otra mujer que fuera única. Decidí construirme como a mí misma.

Vivimos dentro de un sistema. Tiene reglas y debes saber cómo insertarte e él. Tampoco es que debas aceptar todas, sino ver cuáles son las que quieres tomar para entrar en el sistema.

Por más que me gusten mis piernas, o mostrar un poco de escote, las mujeres aquí no salen así de día, y no es algo que yo deba hacer. Sí, me arreglo, pero entonces ajusto mi estilo a lo que el momento y el lugar requieren, no voy a andar con plataformas a las 2 de la tarde en Coyoacán. El sistema no es muy justo con las mujeres en México. Aquí te tocan, te hacen menos y hasta te matan.

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México cuenta con 125 millones de habitantes, de los cuales el 51.3% son mujeres. De acuerdo a un estudio realizado por la fundación Thompson Reuters, este es uno de los países más peligrosos para ser mujer, resultado de las percepciones  de 370 especialistas en calidad de la salud, participación política, oportunidades de trabajo, acceso a recursos de educación y a sus derechos, tráfico de personas, esclavitud, y violencia. Otra organización que ha manifestado su preocupación por esta situación es la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que tiene oficinas en el país.

Si bien el acceso a los servicios de salud y la violencia contra ellas son dos de los tópicos que presentan cifras más alarmantes, su situación laboral no se queda atrás. En los últimos 10 años la fuerza laboral femenina en el sector formal apenas ha avanzado, pues datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) indican que los empleos formales ocupados en el 2016 por mujeres representaron apenas 36.6% de las plazas formales totales.

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Al cierre del año 2016, había 6 millones 869,183 puestos de trabajo ocupados por mujeres; mientras que un año antes el número de empleos reportados fue de 6 millones 534,148.

Yo acabé la carrera a los 23, soy Contadora, y empecé a trabajar en Radio Fórmula. Mi carrera despegó, luego estuve en una agencia de publicidad. Trabajé muchos años, y siempre me destaqué por ser muy bueno en lo que hacía. Cuando transicioné decidía alejarme del mundo laboral un par de años. Aprendí el oficio de hacer tacos de canasta y así vivía.

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Luego me puse a pensar ¿en serio voy a dejar perder todo mi currículum? Fue ando decidí volver a trabajar. Regresé a una agencia de publicidad, y aunque con la empresa no tuve problemas, lo triste fue en la sociedad.

Aunque tengas tus papeles y certificados, al convertirme en mujer perdí mi valor académico en la mente de la gente. Cuando eres hombre, eres el Médico extraordinario, o un muy capaz Arquitecto o Ingeniero. Pero cuando te vuelves mujer, ellos creen que te vuelves pendeja.

El valor social que tienen los hombres es fortísimo. Antes siempre me daban la palabra o me recibían e los lugares con respeto y llamándome “Licenciado”. Ahora les da por decirme “señorita”. Y una tiene que trabajar más por sus derechos.

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Es una decisión difícil en México renunciar a todos los derechos con los que naces sólo por ser varón, para ser un ser que socialmente es menos valorado. Las mujeres tenemos que trabajar mucho más por cosas que un hombre sólo tiene por tener un pene. Pero así es la vida, este es un mundo de contradicciones y debes saber cómo manejarlas.