Ilusiones fracturadas

01/marzo/2017

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Por Jaqueline Ponce
Ilustración Kinich Manik

Ella pensaba que su primera vez sería con alguien amado. Se imaginaba que se reconocerían por sus aromas y sus miradas incitarían a los deseos más íntimos. Quería hacer el amor, encontrar a la lujuria combinada con placeres que excitaran cada poro de su piel. Pretendía fundirse con él en una sola persona para consumar su pasión. Deseaba recorrer su cuerpo con caricias y originar el empapamiento de la diversión previa.

Separar sus labios para darle la bienvenida a la vivacidad de su lengua. Buscaba que él descendiera sus dedos para tocar la virilidad erecta. Fantaseaba con vivir sensaciones que nunca antes había experimentado. Planeaba arquear su espalda gracias al placer, emitir gemidos por la fricción entre ambos órganos, mover las caderas al ritmo que ese encuentro requiriera; cuando los dos terminaran con el cuerpo tembloroso y descansaran uno al lado del otro.

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Ella platicaba con sus amigas, quienes ya habían tenido relaciones sexuales. No estaba enamorada, ni preparada para su primera vez. Se encontraba emocionada por una fiesta, ya que quería pasar un buen rato. Era el cumpleaños de su mejor amigo, casi como su hermano. La fiesta sería en su casa, arriba de un cerro alejado de la sociedad, sin señal telefónica y por donde no había mucho transporte público.

Llega a la fiesta con un amigo. Solamente estaban ellos, el festejado y su primo. “¿Dónde están los demás?”, pregunta ella. “No te preocupes, ahorita llegan”, responde el anfitrión. Abren las cervezas y empiezan a tomar. El del cumpleaños enciende el estéreo, pone un poco de salsa y bailotean. Botella tras botella. Sus cuerpos transpiran como las gotas que recorren el envase de las chelas. Cambian el ritmo y bailan reggaetón.

El festejado golpea la boca de la botella y obliga a que el amigo de ella beba. Lo pone mal. Su compañero ve la hora, le insiste a ella que se vayan juntos, pero no acepta. y él se retira. Continúan con reggaetón. Ella está tomada, pero consciente. Baila con el primo. En una mano traen la botella. Él la toma de la cintura, se miran fijamente, se mueven de izquierda a derecha y descienden hacia el piso. Se acerca para besarla mientras la aprieta contra él y ella lo empuja.

“¿Qué te pasa imbécil? Ella es como mi hermana. No quiero que te metas con ella. Ahora mismo te vas de aquí”, se interpone el festejado entre los dos, lo empuja, le pega y lo saca de la casa. El del cumpleaños regresa para abrazar a la chica y le pregunta que si está bien. Responde que no pasa nada. Continúan tomando. Él se acerca a ella, la mira fijamente a los ojos y le sonríe. Sus cuerpos cada vez están más cerca.

“Me gustas un buen y ahora serás mía”, le dice él. “¡No! Somos amigos y eso no puede pasar”. “No me importa”. La arroja contra un sillón. Le quita los zapatos, ella patalea y grita. “Será inútil, nadie te escuchará”, amenazó él. Desabotona su blusa blanca, la rasga y baja bruscamente el cierre de su pantalón. Se alcanza a ver el encaje negro de la ropa interior. Con una mano aprieta su brazo y con la otra introduce sus inquietos dedos debajo de su calzón.

Ella se retuerce, grita y llora. Le muerde un hombro. Se mueve, pero no puede escapar. Le arranca el pantalón y sus calzoncillos, la jala del cabello y le da una cachetada. Él se desabrocha la camisa, se quita el cinturón y baja su pantalón. La otra mano la tiene encima del cuello de su presa. Se despoja de su ropa interior. Su miembro está erecto. Recorre con su lengua el contorno de sus senos y sin más preámbulos la penetra.

La chica golpetea sus brazos contra el pecho de él. Su llanto aumenta. Se retuerce del dolor. Grita con desesperación. Hay gotas de sudor sobre su frente. “Déjame ir”, le suplica. Él se ríe mientras frota su cuerpo con el de ella hasta expulsar líquido blanco de su cuerpo. “Ya no me sirves para nada. Vístete y vete de aquí”, toma su ropa y se la avienta. Se viste, sale de la casa, aborda un camión y durante el camino se queda estática mientras recuerda cómo le hubiera gustado que fuera su primera vez.