El flamenco: arte libre, arte anárquico.

29/abril/2017

Texto y fotografías por Jordana González

“Las bailarinas andaluzas tiene una libertad

de movimientos y un abandono en el cuerpo

que no se encuentran en ninguna parte.  Se

ve que bailan para sí mismas, por placer…”

Barón Ch. Davillier.

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Compuesto por el cante, toque y baile, el Flamenco es producto de un mestizaje cultural proveniente de Arabia y la India. Logró situarse en el sur de España con la llegada de moros y gitanos a Andalucía durante la expansión musulmana al viejo continente durante el S. XV, hecho que contribuyó a acrecentar el bagaje dancístico andaluz, y favorecer al acompañamiento musical de la región.

Fue hasta el S. XVIII cuando se le dio lugar y reconocimiento al baile en los Cafés Cantantes. ,Los apasionados movimientos de bailaores impresionaron al público y lograron enviar a segundo plano a la música, principalmente al cante –masculino-. El baile cobró importancia dentro del pueblo, pues era arte creada del pueblo para el pueblo.

Un siglo más tarde, el flamenco se consolidó como Arte y legitimó su nombre. Al mismo tiempo que la mujer —relegada— encontró su lugar “natural” en el baile. Cante y toque fueron espacios monopolizados por hombres, ya que a la mujer  se le vía como símbolo de seducción, exotismo y sensualidad.

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El flamenco se ha caracterizado por ser libre a partir de la década de los 70. Es una danza que no discrimina. Se logró la inserción de la mujer de manera completa en tal década, al permitirle interpretar bailes como la Farruca, masculina por excelencia, ya que solo la podían bailar hombres con pantalón ajustado hasta la cintura, el dorso cubierto por una camisa de manga larga y no por doncellas inundadas entre holanes carmín inscritos con lunares blancos.

La Flamenca,  hoy en día es dueña de sí misma,  tiene total control de sus movimientos al interpretar el conjunto de cante, toque y el choque de unas palmas entusiastas que le marcan el compás a seguir. Está en una búsqueda personal y constante de cómo decir sin palabras, su sentir cotidiano o momentáneo, desde las cosas más banales hasta lo más significativo de la vida.

El baile flamenco en el presente no discrimina. Es una danza libre de estereotipos corporales, lo puede practicar quien desee hacerlo, importa nada la edad que posea, tampoco importa el tono de piel, religión, ideología. Es innecesario menearse todo el tiempo con una sonrisa de oreja a oreja sino se siente, el gesticular es totalmente al sentir del intérprete.

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Al igual que el baile, el componente del cante también se libera de cargas morales al mostrar en sus letras cosas de la vida diaria como la muerte, el amor, la tristeza, la alegría, el matrimonio.

Es un sitio amigable con todo curioso intrigado y atraído por su fuerza, elegancia y gallardía que lo hacen único. Una danza anárquica, pues aquí TODO SE VALE. TODOS VALEN.